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Pasaje Juramento El recorrido del paseante

Se percibe una arquitectura que ya existe,  que estuvo siempre. Una arquitectura muraría y que tiene su propio silencio.

En el recorrido solo se escuchan los propios pasos del paseante, entre los muros de los muros, algo apretado y estrecho entre una nueva silueta que vendrá y el viejo zigzagueo que dejó la historia en las paredes de la catedral… reconociéndola y hasta pudiéndola acariciar.

Debajo… siempre en el piso.  Siempre el mismo material. Siempre sometido a ese silencio.
Siempre con ese color, opaco y gastado… Luego el piso se ensancha, no encuentra límites precisos y un gran espacio deja atrás la estrechez. En la inmensidad de ese mayor silencio una sombra nace junto a los pies de ese mismo paseante.

 

Sombra que espaciosamente va dejando su Signo en el piso. Como si desde abajo algún desconocido Empujara apenas…El mismo plano se eleva un poco, pero se eleva Como para que por encima se asomen un grupo de esculturas que encontraron su propio recorrido.

El paseante escucha nuevos sonidos, son las esculturas que murmuran, que se dicen cosas entre ellas, Otras guardan silencio.
Y una última, está gritando…Gritando, entre esa austeridad de sonidos…”Libertad”.

Luego todo vuelve a calmarse.
La sombra en el piso fue lentamente desapareciendo. Los sonidos de las esculturas quedaron atrás  casi

ya no se escuchan.  Debajo de los pies sigue el mismo color opaco. Siguen los mismos materiales de siempre. Y una nueva arquitectura quedó atrapada. Respetando el silencio y ocultando sus secretos.

El proyecto de comunicar la Plaza 25 de Mayo con el Propileo Triunfal del monumento ya estuvo presente desde fines del siglo XIX. El arquitecto Angel Guido dejó bocetos de este proyecto, que evidencian claramente la visión extensa y su pasión por dejar un la ciudad una fuerte marca en la construcción de los rasgos que la identifican.

Beatriz Guido dice de su padre: “Amó cada piedra, acarició el polvo, levantó los cimientos, buscó cada obrero de su ciudad; y cuenta Ernesto Sábato que un día al llegar a Rosario toma un taxi y pide ser dejado en la calle Colón… “¡Ah! –le interrumpen-, va a lo del arquitecto Guido, el loco del Monumento…Mire, allí están apenas sus cimientos, así lo quieren dejar, pero él se saldrá con la suya porque es rosarino”.

 En 1996 la Municipalidad, convoca a un Concurso de Anteproyectos para el completamiento definitivo del Conjunto Cívico Monumental que incluía la construcción del Pasaje y la reubicación de las esculturas en mármol de Carrara de Lola Mora –aquellas que formaban parte de su proyecto de Monumento para el que fuera contratada a comienzos del Siglo XX-.
El proyecto ganador fue realizado por los arquitectos rosarinos Alejandro  Beltramone, Marcelo Ponzellini y Mariano Costa.
En la memoria descriptiva del mismo manifiestan:

"El completamiento definitivo del Conjunto Cívico Monumental, como parte integrante del Parque Nacional a la Bandera determinó que a partir de tal propósito, solo el proyecto habría de guardar los sentimientos que el lugar iniciara, un sitio de alto valor histórico- institucional. La percepción dinámica, la forma que el uso público da a los espacios y un fuerte sentido del emplazamiento como lugar metropolitano, se han obtenido con medios de neutralidad arquitectónica y contención expresiva, dando expresamente al diseño de los elementos un valor mínimo, anecdótico.
El acto de cruzar, de saltar hacia el atrio proyectado en el frente oeste del propileo se acentúa por la presencia del espejo de agua que contiene el grupo escultórico.

El agua cae por los escalones absorbiendo el desnivel del terreno, refleja las esculturas y el muro urbano, pone en movimiento lo inanimado, hace que los elementos se sitúen enfrente, detrás, encima, debajo. Sin el propósito de reeditar otro monumento con el carácter del diseñado por su autora, la artista plástica Lola Mora, el grupo escultórico se presenta como una extensión del Monumento a la Bandera en un marco especial acorde al valor patrimonial de sus trabajos.”

Lola Mora fue contratada por la Nación en 1909 para realizar el Monumento a la Bandera, su contrato fue rescindido por la Municipalidad de Rosario en 1925. Las esculturas destinadas al proyecto habían sido realizadas en su taller de Roma y enviadas a Rosario, después de muchas dificultades quedaron expuestas en la Plaza Belgrano y en distintos lugares de la ciudad. Comienzan desde esa época un largo peregrinaje, sufriendo depredaciones y deterioro permanentes.

El 7 de Octubre de 1997, quedó oficialmente inaugurada la primera etapa del Proyecto para la realización del Pasaje Juramento y fueron colocadas las esculturas de Lola Mora encontrando por fin su merecido destino. y el 27 de Febrero de 1999 quedó inaugurada la segunda etapa del Proyecto que vincula la Plaza 25 de Mayo con el Monumento Nacional a la Bandera.

Así concluyen los arquitectos  la Memoria del proyecto: “La materialización de la propuesta asume una estricta tradición monumental: una fuerte presencia matérica, tectónica, mediante el uso del hormigón martelinado por los muros y el puente; y el pórfido y el mármol para los pisos, consecuente con la tradición de permanencia.

En síntesis, una posible representación del hecho de conectar, paradigma de nuestra civilización, es la intención fundamental de este trabajo, al margen de los logros formales es el signo de una redefinición de un espacio público que ha estallado."

El recorrido del paseante
Publicado en ARQUIS  Nº 15 Revista del Centro de Investigaciones en Arquitectura
Universidad de Palermo- Editorial CP67

Fotos:
Archivo Dirección de Comunicación Social
Hugo Goñi
Esperanza Casanoves

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