Ada Torres
Ada Torres nació en marzo de 1951 en Rosario. Es profesora de Historia. En 1977 publicó su primer libro de poemas “El péndulo”. Integró la antología Café con Letras,1997. Su ensayo” Escribas. El primer poema escrito sobre el dolor”, fue publicado en Belgrado en 2005.Forma parte del plantel docente de la cátedra Historia del Derecho, de la Facultad de Derecho de la Universidad de Rosario. Junto a otros historiadores fundó el Centro de Estudios de la Diversidad Cultural de la Facultad de Humanidades y Artes, en cuyas publicaciones dio a conocer sus traducciones de fuentes editas y sus estudios sobre Antigua Babilonia. Tiene un hijo, Leonel, de doce años.
Su libro de poemas Atril, obtuvo el primer premio en el Concurso Municipal de poesía “Felipe Aldana” 2005.
Las que siguen son sus palabras, poemas y fragmentos de poemas de Atril.
Amarrada a su prueba, la palabra en la letra, ya para siempre, necesita intérpretes distintos. A sus ojos inmersos, signos e intermitencias del contacto, se esfuman, y difunden por todos los lenguajes que los nombres apropian.
Yo no sé tanto, pero, lector es, al menos, quien acepta la versátil provocación de los sentidos que depara lo escrito.
El que escribe, ya en el umbral, se incide, y es pasible
Dos profundos oficios.
El que lee, el que escribe
Cuando se trata de un poema, la voz, a ambos pide su remedio
Y dada la postura en que se abstraen, el hallazgo puntual que los ocupa, mutuamente se alumbran.
No intento seriamente distinguirlos
Vivo entre la gente
Allí dentro sólo guía
Ciega
Una resonancia
Y del silencio
tan nombrado,
del silencio,
no conocemos
nada.
Que no sea
(la madreselva)
sumisiones y raptos del
volumen,
(la madreselva)
una noción del tímpano.
Que ser
y estar
redundan,
que
se oponen,
los muebles
moran.
Una intuición de la campana
De aquí a la pared de la madreselva,
desoír esa hormiga, pero,
velo,
medito ( escandalizo)
sueño ( incubo )
aún en la clave de un descenso,
lato.
Lo sordo es lo amarillo
Una hecatombe de corolas
(lo hondo no narró, yo digo)
dulces.
La madreselva hipnótica,
la niña
(que no me recordaba )
donde he sido probable.
Ningún día
promete sol
y todos,
alabastro
El último encono insomne
Hay ojos que resuman excesivos
el insípido humor del cielorraso
y
una lágrima enjoya el gran intento
de los cuerpos opacos
Lágrima Circe
II
Ahora,
algún sonar difunde
un acusma, que aplaca…
Es mi padre que hablaba conjurando,
la persuasión
de la tristeza:
“La verdadera lágrima,
rasga el velo precioso que la asfixia,
hija querida.
Gota que sólo reconoce a otra,
si fuera cierta, no se saldría vivo,
del perfecto cairel de su espesura.
Este dolor es fuente en tu marea,
rémora natural de lo que dejas,
soltura residual
de lo que amarras”.
Alzaba mi mentón como si fuera
el celoso bajel de una mañana
helada,
esas que abren su fruto en la neblina,
y ofrecen cualquier distancia.
El Beso
I
Estas aguas no lavan, no diluyen.
Ya nuestra palidez tiembla y transpira miel,
crisma, resina,
de tallo al descubierto.
Boca y labio del corte
que se vuelve a quebrar
donde bebemos,
al mismo tiempo de la gota
el brote.
No cesan.
La hendidura se hará sangre de roce
hasta el perdido núcleo del fuego.
II
Este beso de dos, es el conocimiento
de la especie que besa
en abstinencia
y la ignorancia de la especie
que besa
y se alimenta
Es, por fin,
el olvido
de ambas suertes,
y plena
la inmersión en el cuerpo
esquivo.
Ay! qué juicio el de su agua
Profana hoguera.
El beso, en sí, se desengarza
en punto
de plenitud.
III
La piel pudo perderse.
Como un tema.
La encarnadura,
no es en la identidad,
que, humilde,
intenta,
en el susurro de los nombres
Este beso
uno solo,
que regresa,
a mórbido bocado
sólo toma
el sabor
de las almas
y las almas
ya pueden rebalsar amoratadas
en el olvido del Olvido
Perder el beso
( el suave diente )
excita
la mordedura de la muerte.
Cuando veo un abrazo
me abstraigo
hasta su impulso.
Allí,
en la propensión inmensurable
la soltura del pecho
remitido
la pequeña pisada desasida
la legua del suspiro
la certeza
del otro
me conmuevo.
El Relicario
III
Sino de la feminidad.
Rosa completa.
El voluntario mundo de la espina
que en la locura de nombrar,
depara.
Mi madre,
ahora que me escuchas, le hablo, suave,
al nudo tierno de tu espina aún yema:
promenade de tu mundo,
todo nombre
ha de venir del beso
y
del secreto.

